Mi novio me ha dejado por otra

Ante una ruptura, lo mejor es entender que separados estáis mejor.Dos jóvenes amigas iban en el autobús, de pie, hablando. Ambas se llaman Cristina y hace muchos años, cuando iban juntas al cole, una le preguntó a la otra:

—¿Qué número te gusta más el uno o el dos?

—El dos es un patito —respondió rápidamente la otra sin saber a qué venía la pregunta.

—¡Vale! Pues tú serás Cristina 2 y yo Cristina 1. Si quieres te lo cambio.

Desde que iban juntas al colegio han sido las típicas amigas inseparables. Desde entonces, lo comparten casi todo (no solo el nombre). Han compartido malos y buenos momentos, viajes, anécdotas, travesuras, secretos inconfesables y hasta algunos gustos estrafalarios. La ropa y los zapatos no los comparten mucho, porque Cristina 1 dice que los gustos de Cristina 2 son “hippies“. Por si fuera poco, también comparten el autobús todos los días para ir al trabajo.

Sus amigos saben quién es Cristina 1 y quién es Cristina 2, pero entre ellas y especialmente cuando están a solas, prefieren llamarse mutuamente “Cris”, a secas.

Aquel día, Cristina 1 estaba más triste de lo normal y con ojeras. Cuando el autobús llegó a la parada de Cristina 2, ella se subió y buscó a su tocaya entre la gente, como de costumbre. Estaba de pie, de espaldas y parecía que estaba mirando su teléfono. Fue hacia ella, le agarró el brazo y sin decir ni buenos días le empezó a hablar:

—¡Oye! Tengo que decirte algo importante, pero… ¿qué te pasa, chica? ¡Vaya cara! —preguntó con asombro Cristina 2.

—Mi novio me ha dejado por otra, ¿te lo puedes creer? —susurró Cristina 1 sin levantar la mirada.

—Pues…

—Ni te imaginas la de cosas que he hecho por él —interrumpió Cristina 1 con ímpetu— y ahora esto. ¡Es un cerdo!

—Lo siento, pero…

—No estoy tan mal. Si estaba pensando dejarlo yo, pero es que me ha dejado de piedra… el cerdo este… La verdad es que no sabía si dejarlo yo o proponerle irnos a vivir juntos…

—Pues no lo tenías muy claro tú. Ten en cuenta que…

—¡Y no te lo vas a creer! El cerdo va y me suelta esta mañana que ha conocido a otra y que no quiere hacerme daño. ¡Vaya forma de no querer hacerme daño! Me podía haber clavado un cuchillo y decirme: «¡Uy! Perdona, lo siento bonita».

Cristina 1 no pudo evitar que se le saltaran las lágrimas y su amiga le agarró la mano con fuerza. Transcurrió un segundo de silencio y Cristina 1 continuó hablando, entre sollozos espaciados:

—Me dice que estamos todo el día discutiendo y yo le digo que claro, que si no fuera tan cerdo no discutiríamos. ¿Sabes que no tira de la cadena cuando hace pipí? Dice que hay que ahorrar agua, que vale mucho. Y cuando le digo que el agua es barata, me dice que vale mucho “de valor”, no de precio. ¡Es un idiota total! Todo el día hablando de política y de las renovables. Se cree que va a salvar el planeta, él solito.

—Ya… —consigue decir Cristina 2.

Cristina 1 no era consciente de que ya había interrumpido a su amiga tres veces, pero Cristina 2 era comprensiva y entendía perfectamente quién tenía más necesidad de hablar, por lo que la dejó hablar para desahogarse:

—Si está muy bien eso de ser ecologista, pero él es un radical… ¡y un cerdo! Hay gente normal, como tú, que eres consciente del cambio climático y haces cosas, pero él es… ¡un cerdo! Hace meses que, además de plantar tomates en su ventana, le ha dado por hacer compost en casa, en su balcón —dice poniendo cara de asco— ¡Es asqueroso! ¿Tú sabes lo que es eso?

—Sí, claro, si ya te dije que yo que…

—Bueno —interrumpe de nuevo Cristina 1—, y no te lo pierdas Cris, el tío ahora hace jabón casero y lo usa en la lavadora y hasta para ducharse. No me digas que no es un bicho raro…

—No te acuerdas que te dije que… —empezó a decir sin éxito Cristina 2.

—¡Mira! —exclamó sobresaltando a su amiga mientras le agarraba el brazo—. Reconozco que le queda bien el pelo, pero la ropa a mí me huele rara, y él piensa que los detergentes y los suavizantes son tóxicos al olerlos. ¡Cómo va a ser tóxico algo que huele tan bien! ¿Tú has visto que ahora lleva barba?

—Sí, claro…

—¡Pues no te lo pierdas! Dice que se deja barba porque genera “menos impacto ambiental” —recalcó con un evidente tono sarcástico en las últimas tres palabras.

—Bueno, hay que respetar…

—¿Respetar? ¡Pero si él no respeta a nadie! Es un cerdo. Te lo digo yo. Él lo único que respeta es la dichosa Cadena Verde. ¿Tú conoces la Cadena Verde?

—¡Claro! Le mandé yo el link —se apresuró a especificar Cristina 2 sin que pareciera que su amiga se enterara.

—Pues él no para de decir que si la Cadena dice que esto es ecológico, que si la Cadena dice lo otro… ¡Cásate con la Cadena! —protestó Cristina 1 con tono enérgico de enfado.

El autobús frenó y ambas chocaron entre sí, pero Cristina 1 se arregló el pelo y siguió su perorata sin percatarse de que su amiga, Cristina 2, tropezó con otro viajero y casi se cae al suelo.

—Mira tú si es cerdo —siguió hablando Cristina 1— que últimamente limpia lo mínimo con la excusa de gastar poca agua y detergente. Él dice eso, pero en realidad, no limpia porque es un guarro. Y yo estaba pensando proponerle irnos a vivir juntos… ¡Que horror! Bueno, y no te lo pierdas. Ahora dice que es “flexitariano“, que es como vegano pero comiendo carne, huevos y leche cuando le apetece. ¿Tú habías oído esa palabreja? Yo no… y me parece absurdo, pero él dice que comer carne también contamina, pero yo estoy harta de comer carne y no veo que salga humo de la carne. Él lo suelta como si comer lechuga no contaminara… las lechugas no vienen solas y también les ponen pesticidas y cosas.

—Ya pero… —intentó de nuevo decir algo Cristina 2.

—Yaaaaaa… yo sé que tú eres vegetariana, pero tú lo haces por salud, y ahí te doy la razón. Yo misma he pensado hacerme vegetariana mil veces. Se me parte el alma cuando veo cómo sufren los animalitos, pero luego se me pasa. Pero una cosa es hacerlo por salud o por los animales, y otra hacerlo por la contaminación. Ese hombre no está bien de la cabeza… ¡menos mal que hemos roto!  —exclamó mientras se le saltaban las lágrimas y se limpiaba la nariz con un pañuelo de papel.

Cristina 2 ayudó a su amiga a sostenerse de pie en el autobús mientras se sonaba la nariz. Luego, dudó si decir algo, pero Cristina 1 no le dejó:

—¿Ves este pañuelo de papel? Pues él dice que es “despilfarro de recursos” y que no podemos usar tantas cosas de “usar y tirar“. Yo le digo que para eso esta reciclar. Yo reciclo, cuando me viene bien, pero él dice que reciclar no es suficiente, y ahora si algo está en un bote de plástico, pues no lo compra. Con él delante no quiero comerme ni un yogur. Me sentía culpable. Y no solo por el bote de plástico, sino que también dice que los lácteos, todos los lácteos, maltratan a los animales… que si separan a los bebés de sus madres y no sé qué más cosas piensa… y hasta dice que comer huevos es maltrato animal también… ¿Un huevo está vivo? ¡Cómo va a ser maltrato comerse un huevo! ¡Es un cerdo y está mal de la cabeza!

—Pero tú sabes que… —probó a decir algo su amiga, sin conseguirlo al ser interrumpida de nuevo.

—Yo, es que, no le entiendo. Tiene un sueldo de pena y el alquiler de su piso se lleva un buen pellizco, y encima el tío es socio de todas las ONG: Greenpeace, Ecologistas en Acción, Amnistía Internacional… en fin, de todas, ya te digo. Y luego dice que no viaja en avión porque contamina, pero en realidad es porque no tiene dinero… y se pasa el día mirando las etiquetas y mirando de dónde viene todo lo que compra, y ha cambiado la empresa de la luz de su casa a una empresa de renovables que cuesta menos. Pero… ¿desde cuándo las renovables son más baratas? Yo creo que le están estafando, igual que en lo del banco: ha cambiado su cuenta a un banco ético , pero… ¿puede un banco ser ético? Los bancos nos roban cuando entras y cuando sales… Es que es tonto… —terminó diciendo con tono de resignación.

—Cris, tienes que entender que cuando dos personas son tan diferentes, lo mejor es separarse —consiguió apuntar Cristina 2.

—¡Por supuesto! Yo no soy tan guarra como él. Aluciné cuando me enteré que en la bañera tiene un cubo sucio para recoger el agua sobrante de la ducha o el agua fría que sale hasta que sale caliente. Luego, usa ese agua para fregar o para el váter. Y así dice que ahorra agua… —dijo con la voz entrecortada—, pero no es por ahorrar agua, sino por ahorrar dinero, porque es un rata y un cerdo.

Cristina 2 echó un brazo por encima a su amiga mientras esta se limpiaba las lágrimas que asomaban entre sus ojos. El traqueteo del autobús impidió darle un abrazo completo, pero le transmitió todo su cariño y le llegó tan profundamente que tuvo que decírselo:

—Gracias Cris… ¡Jo! Necesitaba un abrazo… es que estoy muy perdida. No sé lo que quiero ni lo que no quiero. Yo lo quería mucho, pero es verdad que no hacíamos buena pareja… Aún me acuerdo cuando me dijo que le encantaba mi nombre y que solo quería estar con alguien con ese nombre. No creo que haya encontrado otra Cristina, ¿no?

Ambas amigas se miraron y Cristina 1 terminó diciendo:

—¿O eres tú?

 

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