¿Masticas los caramelos?

La vida es como un caramelo—¡Vaya pregunta! No lo sé. ¿Por qué lo preguntas?

—La vida es como un caramelo —sentenció con voz tranquila.

—No sabía que la vida tuviera azúcar —replicó con sorna.

—Hay caramelos sin azúcar. La vida es dulce, pero eso no significa que siempre te guste el sabor que tiene. También se puede partir y siempre se acaba. Es inevitable.

—¿También está envuelta la vida en un bonito papel por fuera?

—También. El papel exterior es el cuerpo. Tenemos un cuerpo para vivir una vida. Cada cuerpo es distinto, pero todos permiten vivir… hasta que el caramelo se agota.

—Hay cuerpos mejores que otros.

—No. Hay cuerpos que pueden gustar más que otros. Como los caramelos. Pero no hay un cuerpo que guste a todo el mundo. Como los caramelos. Cada uno tiene sus preferencias. En la vida tenemos que aprender a saborear cada comida, cada momento y a sacar partido de nuestro caramelo.

—Algunos caramelos están más ricos que otros.

—Sí, pero cada persona tiene sus preferencias. Si lo piensas, no hay nada perfecto, ni en un caramelo. Puede ser demasiado dulce, demasiado duro, con el papel feo, con un sabor raro o con un color insulso… No obstante, si te concentras en el sabor y decides deleitarte, siempre puedes disfrutar de lo bueno. Casi siempre hay algo bueno.

—No dura mucho.

—¿El caramelo o la vida?

—Las dos cosas.

—Cierto. ¿Ves? Se parecen mucho. Hay vidas duras y vidas blandas, pero todas merecen saborearse. Y por duro que sea tu caramelo, es el tuyo. Además, seguro que es fácil ver caramelos más duros, si te fijas.

—¿Qué pasa si lo masticas?

El símbolo del infinito representa algo que no existe—Los expertos clasificamos en dos las formas básicas de comer un caramelo: chupándolo lentamente, o bien, masticándolo desde el principio en mil pedazos. Entre estos dos extremos, se han contado exactamente infinitos puntos intermedios. El efecto es muy distinto. Ninguno es mejor que otro. Simplemente llegamos a estados sustancialmente diferentes.

—¿Qué estados?

—Estados de conciencia, de percepción, de placer, de éxtasis… Si paladeas el caramelo poco a poco, pausadamente, te dura más tiempo. Puedes vivir el momento con cuentagotas, instante a instante, con calma, sin prisas. Entonces, tal vez es más fácil hacer varias cosas a la vez, disfrutando de una mientras haces otra. En cambio, si degustas el caramelo masticándolo desde el principio, una explosión de sabor inunda tus sentidos, no solo el gusto, también el olfato (retronasal), el tacto, la vista, el oído…

—¿La vista y el oído también?

—Por supuesto… la vista del papel o el recuerdo de lo ya visto y el oído de la masticación. Más aún, hay otros sentidos, poco reconocidos, como la termocepción, es decir, la percepción de la temperatura, entre otros.

—¿Hay más sentidos? —preguntó con curiosidad.

—Sí, por supuesto. El sistema trigeminal percibe sensaciones como lo picante o el frescor, la propiocepción percibe la posición de nuestro cuerpo, la interocepción percibe el estado interno del cuerpo, la cronocepción siente el paso del tiempo de forma personal… incluso podría ser también aplicable la nocicepción, que es la sensación de dolor. Por ejemplo, si te muerdes la lengua.

—Hasta un caramelo puede producir dolor.

—Pero todo dolor empieza y termina, como todo placer.

—Entonces, ¿hay también dos formas básicas equivalentes de vivir la vida?

—Exacto, e infinitas fórmulas intermedias. Tú puedes recrearte con calma en el sabor, en la vida, en las sensaciones, en las alegrías y en las penas, o bien, puedes deleitarte en el sabor intenso del presente, dejarte envolver por la magia de lo que está pasando justo ahora, a-ho-ra. ¿Cuántas veces nos perdemos el sabor del caramelo del presente por añorar otro sabor? Deleitarse o simplemente mantener el caramelo sin prisas está bien, pero a veces hay que morderlo y embriagarse del presente.

—La vida es como un caramelo.

—Tal vez no en todo, pero sí. Aparentemente, tu forma de enfrentarte a la vida no tiene que afectar a tu tiempo de vida, pero en cambio, tu forma de saborear un caramelo sí afecta a su duración. Sin embargo, yo opino que los que mastican el caramelo viven más intensamente, viven mejor y, posiblemente, hasta vivan más.

—Entonces… ¿la vida es como un caramelo o no lo es?

♥ Otros relatos (no tan raros como este, lo prometo):

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