Mi insuficiencia suprarrenal

Riñones con sus glándulas suprarrenales, que son las que no producen cortisol en la enfermedad de insuficiencia suprarrenal o adrenalMe he decidido a contar mi historia por si puede ser de utilidad para alguien. No quiero aburriros con rollos médicos por lo que si no te interesa mucho la medicina sáltate los siguientes tres párrafos.

Yo apenas recordaba del colegio que tenemos unas glándulas pegadas encima de los riñones y que, precisamente por estar ahí, se llaman glándulas suprarrenales. ¿Para qué sirven? Si pudiéramos ver esas glándulas veríamos que son como boinas y parece que están ahí para cubrir la cabeza de los presumidos riñones, pero no. Esas glándulas no son meros adornos de los riñones sino que generan hormonas como la epinefrina (adrenalina), el cortisol o los andrógenos (testosterona y hormonas similares), que ayudan a controlar la presión arterial, el ritmo del corazón o cosas menos importantes como cuánto sudamos.

Las glándulas suprarrenales están controladas en parte por el cerebro, más exactamente por una pequeña parte del cerebro llamada hipotálamo. Resulta que el hipotálamo también produce hormonas con nombres que parecen medicamentos. Esas hormonas activan la hipófisis para que segregue otras hormonas que, a su vez, estimulan a las glándulas suprarrenales para que produzcan corticoesteroides y hormonas de nombres también poco agraciados.

Para terminar la clase de medicina de hoy diré, por si no lo sabías, que las hormonas son sustancias que produce el cuerpo y que influyen en el funcionamiento de distintas partes del organismo. Las hormonas actúan como mensajeros químicos y algunas son esenciales para el funcionamiento del organismo y su desequilibrio puede originar hasta la muerte.

Es decir, que el cuerpo es una maraña de órganos y productos químicos y es un milagro que todo encaje a la perfección. Así pues, si estás sano, disfruta mientras puedas.

Así empezó todo

Me llamo Estela, tengo 44 años y trabajo en una oficina atendiendo gente continuamente. Haciendo memoria, no puedo recordar exactamente cómo ni cuando empezaron los primeros síntomas. Más o menos, hace unos tres años, poco a poco, comencé a tener dolores musculares, cervicales y lumbares principalmente, pero también en muñecas y codos. No le di mucha importancia, porque siempre buscaba alguna explicación: una mala noche, una mala postura en el trabajo, el pasar tantas horas sentada, el usar demasiado el ordenador, el hacer poco ejercicio, el haber cocinado algo…

Decidida a acabar con esos problemas, me apunté a un gimnasio y empecé a andar más. También hacía ejercicios durante mi trabajo, por ejemplo, aprovechando cuando no había público, me levantaba de mi asiento y daba varias vueltas a la mesa mientras estiraba los brazos y cosas así. También, sin levantarme, empecé a hacer ejercicios de cuello y de brazos, de muñecas, de codos, de tobillos… Aunque los síntomas parecían irse, lo cierto es que acababan volviendo y siempre buscaba alguna justificación: una mala noche, una mala postura, etc.

Seguro que os preguntaréis si acudí al médico. Pues sí, fui a un traumatólogo que tras una resonancia magnética concluyó que tenía una contractura muscular y me mandó al fisioterapeuta. Paulatinamente, me pareció que mejoraba una temporada, no sé si por la sabiduría natural del cuerpo o por todo lo que hacía para superar aquello. Pero cuando ya casi me había olvidado de un dolor, me aparecía otro en otro lugar del cuerpo. Los dolores subían y bajaban por la pierna, la cadera, el cuello…

Por si fuera poco, también empezaron a llegarme problemas digestivos (principalmente dolores de estómago). Desde pequeña, yo ya he sufrido problemas digestivos, pero nada especialmente grave. Ahora los dolores me duraban semanas. El especialista me mandó una gastroscopia y una colonoscopia, para concluir que tenía colon irritable. Para descubrir la causa también me mandó análisis de sangre y pruebas de intolerancia a la lactosa, al gluten y a la fructosa. Con respecto a la lactosa me salió un 28 de resultado, que quiere decir que no debo tomar mucha lactosa (un vaso de leche o el queso fresco me sientan mal, pero no el queso curado con moderación). Mucha gente es intolerante a la lactosa y no lo sabe. De vez en cuando le duele el estómago y tal vez ni se imagina que es por tomar lácteos.

Con respecto al gluten, la analítica afortunadamente arrojó un resultado negativo (no soy celíaca) pero en el análisis genético salió que soy intolerante al gluten y tengo algunos indicios de ser celíaca. O sea, que el gluten, o comer demasiado gluten, no es aconsejable para mí.

Sin embargo, lo mejor de estas últimas pruebas médicas fue que estando en la sala de espera de la clínica, me puse a leer un folleto con todas las pruebas que allí hacían. Me llamó la atención la prueba de estrés, de la hormona cortisol.

Por aquella época empecé, repentinamente, a dormir una hora al día aproximadamente. Yo lo achaqué a problemas en el trabajo. A partir de ahí sufrí otros síntomas que yo relacionaba con la falta de sueño: cansancio, ojeras, confusiones, fallos de memoria, debilidad, fatiga… incluso náuseas, vómitos y hasta se me retiró el periodo. El ginecólogo me diagnosticó menopausia precoz. Mi vida entonces empezaba a desmoronarse. ¿Podría tener hijos en el futuro? ¿Me vendrían todos los síntomas de la menopausia? Algunos de esos síntomas, no tardaron mucho en llegar, como los sofocos, unos calores repentinos que no eran fácil de entender, ni por mí ni por mis seres queridos, y más sabiendo que yo siempre he sido más bien friolera.

Todos esos problemas hicieron que retrasara mi análisis de sangre. Cuando por fin me decidí a hacerlo, estando en la cola del mostrador de la clínica, saqué el volante con la prescripción médica del análisis. Mirándolo, recordé lo que había leído en el folleto de la clínica de las intolerancias alimentarias. Dándome prisa, saqué del bolso un bolígrafo y escribí en el volante intentando imitar la letra del médico “cortisol, B12”. No sé porqué lo hice. Fue un impulso extraño. Tal vez de rabia o impotencia. Tal vez de por curiosidad o travesura.

Cortisol, la hormona del estrés

Síntomas de la Insuficiencia suprarrenal (o adrenal) primaria y secundariaEl análisis de sangre ponía claramente “Cortisol en suero” y la siguiente columna reflejaba una cantidad de 2,30 µg/dL, lo cual estaba fuera del rango adecuado que, según indicaba el mismo informe, está entre 3,7 y 19,40. Investigando por internet, descubrí que todos mis síntomas, desde los dolores musculares por todo el cuerpo, hasta los problemas digestivos y la retirada del periodo están también relacionados con bajos niveles de cortisol. Empezaba a ver la luz, pues la vista aún la tenía bien, pero aún tenía muchas cosas que arreglar.

Ya no fui más al médico de digestivo, ni al traumatólogo, pues parece que de cortisol ellos entienden poco (o nada). Fui a un endocrino, el cual, ante los datos, me mandó hacer una analítica más completa de hormonas y una resonancia en la cabeza para ver la hipófisis. La resonancia salió normal, pero eso es lo habitual y esta prueba solo descarta grandes problemas. O sea, que la resonancia normal no demuestra que esté funcionando bien. De hecho, el nuevo análisis reveló que en dos semanas el cortisol me había bajado a menos de 1. No sé cuánto pues el informe solo indicaba “<1”. También se reflejaba un nivel de ACTH de 9,9 pg/mL, muy por debajo del valor máximo, que era 46, pero el informe no indicaba nada del valor mínimo.

La ACTH es la hormona corticotropina, una hormona segregada en la hipófisis del cerebro. Un valor alto de ACTH puede indicar un fallo en las glándulas suprarrenales conocido como enfermedad de Addison o insuficiencia suprarrenal primaria. Pero mi nivel de ACTH era bastante bajo lo cual indica que las glándulas suprarrenales pueden estar bien, pero no reciben la orden del cerebro para que produzcan cortisol. El endocrino me dijo que tenía una analítica de menopausia, y me diagnosticó una insuficiencia suprarrenal (o adrenal) secundaria. Sin anestesia me soltó que tendría que tomar pastillas el resto de mi vida, empezando por 20 miligramos al día de hidroaltesona separados en tres tomas de 10, 5 y 5 miligramos respectivamente.

Para complicar las tomas, las pastillas son de 20 mlgr. y muy pequeñas, por lo que resulta muy complicado partirlas en cuartos (para las tomas de 5 mlgr.). Si me ocurre algo especialmente estresante, debo tomar una dosis mayor, pero es complicado saber cuánto más, por lo que estoy pensando en irme a vivir al lado del endocrino para que me mida el grado de estrés diario. Ya en serio, ante una crisis médica (como una operación) tienen que inyectarme el cortisol.

Simplemente vive

Algunas personas no saben que tienen esta enfermedad hasta que sufren una “crisis suprarrenal“, un empeoramiento repentino que podría ser mortal si no se tratara adecuadamente. Las crisis suprarrenales se dan mayoritariamente en personas con insuficiencia suprarrenal primaria. Ante una de estas crisis lo urgente es inyectarse glucocorticoides, un chute químico que reemplaza el cortisol, pero hay que ir al hospital rápido para hacer pruebas.

Mi caso no es tan grave como podría haber sido, pero es suficientemente grave como para no tomárselo a broma. Una insuficiencia de cortisol puede ocasionar la muerte y muchos médicos no lo saben, o no lo dicen. Buscando por internet, he leído que tengo que aprender a detectar los síntomas de una crisis suprarrenal: dolor repentino de la espalda, el abdomen o las piernas, náuseas y vómitos intensos, diarrea, deshidratación y confusión, presión arterial baja y desmayos.

Ante cualquier accidente, problema de salud, o problema de estrés, mi vida está más en peligro que la de una persona normal. Por eso, llevo una placa de alerta médica avisando de mi insuficiencia adrenal pero me pregunto si en caso de una urgencia los médicos mirarán la placa y si sabrán lo que es una insuficiencia adrenal. El médico me ha aconsejado que se lo cuente a todos mis amigos y familiares para que en caso de necesidad sepan advertir al personal médico.

Si tienes síntomas similares a los que he descrito, ve al médico, y si te diagnostica insuficiencia suprarrenal pregúntale el tipo, si es temporal o permanente, si necesitas tomar pastillas y qué hacer ante una crisis suprarrenal.

Ahora mi vida va mejorando y tengo que aprender a vivir con la placa y con las pastillas, pero al menos he podido contar mi historia.

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2 comentarios sobre “Mi insuficiencia suprarrenal

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