¿Por qué ligar en el gimnasio?

Spinning en grupo, bueno para medir tu resistencia—Solo quiero alguien que me quiera. ¿Es mucho pedir? —preguntó Eva con evidente tono de lamento.

Ella no esperaba respuesta a su pregunta retórica, pero su amiga Ana le respondió acertadamente:

—Por supuesto que no, pero no puedes contentarte con el primer “bombón” que te dice cuatro piropos.

—Ya lo sé, pero yo quiero tener un poquito de la suerte que tienes tú. ¡Cómo te envidio! —confesó Eva cogiendo la mano de su amiga.

Ana bajó la mirada como si se ruborizara. Suspiró y quiso quitar importancia a lo que había dicho Eva:

—Es cierto. He tenido suerte con mi chico, pero la suerte tiene dos facetas. La primera es que hay que buscarla. La gente con suerte es la que busca la suerte y no la que se queda esperando. ¿Entiendes?

—¿Y la segunda?

—La segunda cuestión es que la suerte falla en cualquier momento. Hay que estar preparado también para recibir golpes en la vida. Mira… yo estoy fenomenal con mi pareja, pero sé que en cualquier momento se puede acabar. Por eso, la pareja es como una maceta. Si no la riegas, se seca.

—No sabía que hubiera que regar a los novios para que no se secaran. A mí se me secan todos…

Las dos amigas rieron distendidamente. Cuando se calmaron un poco, Ana preguntó:

—¿Tú sabes dónde conocí a mi pareja?

—En el gimnasio, ¿no?

—Exacto. Mira… el gimnasio es un buen lugar para encontrar dos tipos de parejas: superficiales y profundas. Las superficiales está claro el porqué. Es normal que las personas que van al gimnasio se fijen mucho en lo físico. Muchos hombres —y mujeres— son presumidos, prepotentes y frívolos. Pero no todo el mundo es igual. Al gimnasio también van personas muy diferentes.

—Ya… claro…

—Entonces, ¿te apuntas al gimnasio?

—Tú y yo tenemos muchas coincidencias: nacimos el mismo día, tenemos la misma talla, hemos estudiado lo mismo, nuestros nombres tienen tres letras… sería el colmo que además, ambas conociéramos a nuestra media naranja en el gimnasio.

—¿Qué puedes perder?

—Unos kilos… que también me viene bien perderlos… y dinero… —susurró Eva con una sonrisa de medio lado.

—No es caro… si vas. Nunca he entendido a los que se apuntan al gimnasio y luego no van.

Encontrar el amor haciendo gimnasia

Eva se apuntó al gimnasio. Por miedo a ser regañada por su amiga no faltaba ningún día. Dos días a la semana asistía puntualmente a clases de Power Bike.

—¡Power Bike! —exclamó su amiga Ana cuando se enteró—. ¿Qué narices es Power Bike?

—Sí —confirmó Eva—, cada vez le ponen nombres más raros a las cosas. El otro día la monitora le dijo a un hombre que le aconsejaba que se apuntara al curso de “Fitness Intensivo”. Y él le contestó que los “findes” no quería asistir al gimnasio…

Las carcajadas de ambas amigas inundaron la pequeña tetería en la que estaban. El humo de las tazas decoraba el ambiente junto con el olor a una varilla de incienso que se quemaba en una estantería. Eva tomó un sorbo e hizo un gesto como si se quemara la lengua. Se limpió la boca con una servilleta y contestó a la pregunta que su amiga había formulado:

Power Bike es una clase en la que la mitad del tiempo hacemos bici estática, que ahora le llaman spinning, y la otra mitad gimnasia variada, normalmente sin artilugios.

—¿Qué artilugios usáis? —preguntó Ana.

—A veces usamos pesas: mancuernas, kettles (que son como teteras), barras, balones… También usamos el TRX, unas cintas colgadas del techo para hacer ejercicios con ellas.

—Parecen ejercicios bastante completos, ¿verdad?Isquiotibiales, músculos desconocidos salvo que tengas agujetas en ellos

—No lo dudes. Tengo agujetas en músculos que no sabía que existían: los isquiotibiales del muslo, el manguito rotador del hombro…

—¿Qué haces para las agujetas?

—Pues tomar cosas dulces no funciona. Eso era un mito de hace años, pero es falso. Para las agujetas se aconseja estirar músculos, ejercicio suave, duchas frías, masajes… A mí me matan los ejercicios de step.

—¿Step? ¿Eso qué es, Eva? —inquirió Ana con curiosidad.

—Básicamente es subir y bajar de un escalón… a veces bailando. Es muy cansado, pero es divertido. Había otras actividades raras en el gimnasio como Body Combat, Crossfit, GAP, Body Pump, Aqua Gym, Aquadinamic, Aerobic… y no sé cuántas cosas más.

—Entonces… ¿te está gustando o no? —indagó Ana.

—Bueno… la verdad es que es divertido y a veces nos reímos. Hay un hombre mayor en mi clase que hace comentarios graciosos. El otro día la monitora dijo que íbamos a entrenar el tren inferior y a él se le ocurrió preguntar que cuándo íbamos a entrenar el tren de cercanías… ¡Es gracioso! Me partía de risa también cuando, tras una clase muy dura, la profesora dijo que recogiéramos el material y él, tirado en el suelo, preguntó con una voz que no le salía del alma: “¿a mí quién me recoge?“.

—¡Es estupendo! Estás haciendo ejercicio y te lo estás pasando bien. ¿Algún chico interesante? ¿Eh? —investigó Ana sin disimulo.

—No. En absoluto. Pero hay un chico que posiblemente lo sea.

—Vaya, vaya… —masculló Ana con retintín.

—No me líes. No hay nada y por ahora no quiero nada. Pero me he dado cuenta de que el gimnasio puede ser un buen lugar para encontrar pareja

—¡Ya te lo decía yo! pero… ¿a qué te refieres tú?

—Como tú decías, en el gimnasio hay algunas personas demasiado superficiales, obsesionadas con su imagen, obsesionadas con sus músculos… algunos se tiran meses entrenando un solo músculo del hombro que se ve exclusivamente cuando están sin camiseta y ponen una postura rara retorciendo el brazo.

—¡Es verdad! —exclamó Ana riéndose.

—Sí… hay personas… hombres y mujeres ¿eh?, que parece que van más a lucir el tipo, o la ropa, que a hacer ejercicio. Parece que no quieren manchar su ropa nueva con sudor… y les encanta hablar de las características de su atuendo deportivo: que si las zapatillas son Air Reflection Supra Max Plus, transpirables e impermeables, con material antibacteriano y yo no sé qué más chorradas.

—Sí, es cierto… ¡hay gente rara! —confirmó su amiga.

—Pero en cambio, también te puedes fijar en otras características. Por ejemplo, en el gimnasio se ve la perseverancia y la constancia de cada persona. Están los que van la mitad de los días, los que van solo a principio de mes y los que no se pierden un día. También se ve la modestia, pues algunos se nota que hacen los ejercicios para que los veamos los demás y otros no pretenden ser visibles. Yo también valoro la resistencia a la adversidad y al dolor y el compromiso con el trabajo bien hecho. Están los que se esfuerzan y ponen mucho empeño en cada ejercicio, y los que intentan esconderse para que no se note que se escaquean de esforzarse…

—¡Vaya actitud más infantil! —exclamó Ana—. Si al final el ejercicio que hagas es beneficio para ti. No tiene sentido hacer trampas, porque te haces trampas a ti mismo.

—Eso pienso yo —reconoció Eva—. También, claro, la gente que va al gimnasio suele ser gente sana, que no fuma, que no se droga…

—Entonces… ¿has encontrado alguien que cumpla todo eso?

—Pues por ahora no, pero no tengo prisa. Yo soy exigente. Es mejor ser exigente que lamentarse después. Pero tampoco creo que sea pedir demasiado querer a tu lado alguien que no esté obsesionado por la imagen o por la ropa, que sea perseverante, trabajador, modesto… Pero, chica, mientras llega el amor, no es mala idea ponerse en forma. El ejercicio es bueno y estoy encantada. ¡Ah! Y ahora voy en bici al trabajo.

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