Un enfado deseado

Ella tonteaba con todos.

Él callaba y observaba. Se escondía entre los hombros para masticar la rabia. No sabía cómo provocar su atención. Aunque hubiera sabido, no habría hecho nada. Prefería dejar que la vida siguiera a pesar del punzante dolor en el pecho. Era algo totalmente nuevo para él. Un tsunami de sentimientos dispares, mezclados hacia una única persona. Excitación y frustración. Admiración y tristeza. Deseo y celos.

Disfrutaba siendo el centro de atención, algo a lo que él siempre fue alérgico. Le encantaba escuchar su risa, aunque fuera por chistes de otros. Miraba sus ondas en el pelo e imaginaba acariciarlas. Su estilo era algo jipi, como el corazón de él. Pelo suelto, salvo el largo flequillo que se anudaba por detrás con una pinza torcida.

Ella no rehuía el contacto físico. Su mano iba del brazo de uno a la pierna de otro. Él nunca estaba suficientemente cerca para que fuera su turno. Prefería no tener nada, a ser uno más. Escogía solo imaginar. Un leve roce activaba un ardor y un escalofrío general. Por ahora, todo eso era vana ilusión. Si había algo de realidad, estaba en el rubio. Era más alto, más guapo, más fuerte y más divertido.

El autobús se detuvo y se formó una cola. El rubio consiguió ponerse detrás de ella. Era un buen estratega. El moreno ni siquiera se puso en cola para poder mirarla con perspectiva. El viento ondeó su blusa semitransparente y él imaginó que todo desaparecía a su alrededor. Todo menos las nubes y ellos dos.

Desde la cola le lanzó un parpadeo certero. Fantaseó con sus ojos fijos en los suyos, viendo de cerca su brillo. El sueño explotó cuando el rubio rozó su hombro y bajó lentamente por su espalda. Ella no hizo nada. Hizo como si nada. Él lo interpretó como una aceptación e inició un nuevo toque, ahora más profundo, en su escápula. Bajó y chocó con el broche del sujetador. Lo separó quizás un centímetro y, soltándolo, un leve chasquido provocó que los puños se apretaran.

Ella se volvió con genio. El manotazo pudo interpretarse de varias formas. Su mirada no. Sin perder detalle, su corazón y sus puños se relajaron. El rápido vistazo de ella y su ligera sonrisa dejaron claro que ella sabía que él siempre estaba allí, como un lejano guardaespaldas. Había esperanza.

♥ Otros relatos, posiblemente aún mejores:

 

 

2 comentarios sobre “Un enfado deseado

Comenta algo:

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s