Leónidas y sus burbujas de sangre

El miedo lo he sentido muchas veces. Lo nuevo es tener la certeza de morir. Hoy.

Los músculos se tensan. La mente duda si pasaremos a la posteridad. Deberían seguir mentándonos cuando nadie conozca a nuestros descendientes. Han de contar la gesta que estamos creando, recitarán odas y cantarán canciones. Es lo justo. Vendrán a las Termópilas a bendecir nuestra muerte espartana.

Rompió el equilibrio del cielo y se está derrumbando sobre nosotros. Le esconderemos nuestro mundo. Jerjes, tirano shah de Persia, ansía el tesoro de toda Grecia y se ha de quedar sin nada. La gloria que le negamos a Darío, su padre, tampoco será para él. Y yo siento morir por no vivir su fracaso.

Siete días esperando la muerte en este desfiladero olvidado de los dioses. Tres días bañados en sangre siempre fresca de nuestros soldados y de los persas. Es indistinguible. ¿Por qué nos matamos? Moriremos con los Inmortales.

Escuecen mis llagas de guerra y de rabia. Me las aprieto para soportar más dolor. Como si me gustara sufrir.

Duelen también las manos, de apretar agarrotadas mi lanza y mi escudo. Todo para matar. Para nadie deseo un segundo así.

Este rincón me hace ver el vacío apretado cuando todo se apaga. No podemos ganar. Ni salir con vida. Podemos, esto sí, frenar a los invasores. Cada segundo es vida para nuestros pueblos. Gracias Jerjes. Tantos años luchando, polis contra polis. Y ahora, a un enemigo común agradecemos que nos haya mostrado el valor de la unidad y de la cooperación.

Ha llegado mi hora, tu hora, nuestra hora. Cerraremos con cadáveres las puertas de Grecia. Cada burbuja de nuestra sangre hirviendo frenará a mil persas. No escuché a los que me pidieron la rendición. Eso y mi orgullo fueron mi alimento. Y nunca sabré si valió la pena tanto sufrimiento.

Atenea, olvídate ya de mí y protege a nuestra flota griega. Que pueda replegarse más allá del estrecho de Euripo. En ese otro desfiladero seguirán matando la risa de Jerjes. Se le atragantará el motivo que le trajo aquí. Lo escupirá con furia y vergüenza. Pronto. Muy pronto.

¿Dónde están ahora mis 300 hoplitas espartiatas? Me siento solo como nunca. ¡Gritad que cuento con vosotros! ¡Gritad que solo hay un traidor! ¡Gritad la muerte de Efialtes de Tesala! El que traiciona a su pueblo, escupe sobre su honor. Irá directo al último círculo del Hades.

Cada día de resistencia ha salvado miles de vidas. Nuestra sangre regala tiempo para huir más allá de Corinto. Pero ya que todo está perdido, permito que gran parte de mis aliados se replieguen. Algunos dicen que huyen. No me importa. Sé que podrán llegar a posiciones más seguras donde lancear más persas. Aquí, sin lanzas, nuestras xifos están preparadas.

Mi sangre se quedará en la arena, pero mi corazón estarán siempre con Gorgo, con Plistarco y con los dioses que hacen justa cada batalla de la vida.

Nuestra liga griega nos hace morir por ella; poniendo a prueba nuestro valor. Falta que siga unida, aunque sea por los héroes que fuimos llevados al silencio.

¡Por Esparta!

♥ Nota: Este relato está inspirado en la canción Sangre hirviendo del grupo rockero Héroes del Silencio; y en la legendaria Batalla de las Termópilas.

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