Cosas que no deberían cabrearme (parte 3): globos de helio, quejicas, pesimistas, fumadores y otra fauna

Soy horroroso y lo siento. Me pareció buena idea escribir sobre todo lo que no me gusta. Supuse que con un artículo tendría suficiente. Ya van unas cuantas partes… Y esto tiene pinta de convertirse en una enciclopedia que abre mis ojos a mi quejumbrosa realidad.

¿Seré capaz de estar 24 horas sin quejarme de nada? Disfrutando del dudoso placer de aprender de lo negativo. ¿Es posible?

Quejicas

Los que nos quejamos de todo lo que no es correcto, también podemos quejarnos de los quejicas. Será paradójico, pero es tan habitual como razonable. No soporto a esa gente que se queja por todo, sin aportar soluciones y sin agradecer todo por lo que no se queja. Yo protesto, pero aporto soluciones, no son quejas vacías; son quejas constructivas, interesantes, prácticas y lógicas. Todo eso, siempre. No creo que al resto de quejicas le pase lo mismo… Además, también me alegro por lo que funciona bien, pero eso no lo escribo, porque no es tan interesante. Las quejas tienen más morbo. Narrar alegrías es ser funambulista sobre un mar de cursiladas.

Podría ser que las quejas demostraran más la inteligencia (aunque no la sabiduría). Alabar lo correcto o lo cotidiano es simplón, aunque sea recomendable por su traducción a alegría sincera. Si sale el sol, es fácil alabarlo, aunque todo siga igual en nuestro interior. Si respiramos, si comemos, si nos acaece algo extraordinario u ordinario, es fácil expresar elogios y agradecimientos (sean o no vivamente sentidos). Sin embargo, una queja bien hecha debe reflejar motivos consistentes y soluciones razonables. Esto requiere un análisis más allá de lo somero, sin caer en la profundidad excesiva y aburrida.

Me embelesan los que se quejan bien, tanto como aborrezco los que se quejan mal o los que ni siquiera protestan ante una injusticia o vileza evidente. La indiferencia ante lo incorrecto es el peor de los vicios. Eso sin duda.

En definitiva, quejarse es fácil, pero quejarse bien es un arte. Ahora bien, una cosa es quejarse bien y otra enfadarse. Si traspasas esa frontera, has caído en una de las trampas del ego… o del lego, y tus cimientos son humo.

Fumadores

Si hay algo más desesperante que compartir un rato con un quejica, es soportar a un fumador empedernido. Aunque no fume en tu presencia, su aroma a tabaco quemado es —permítanme esta palabra tan poco elegante— asqueroso. Hay fumadores tan considerados que desprecian tu vida y tu salud tanto como la suya propia. Con esa gente no puedes hacer prácticamente nada. No son conscientes de su mala educación, ni aunque le hagas un gráfico a color. Algunos se creen honorables y corteses porque preguntan:

—¿Te molesta que fume?

—¿Tú qué crees, Einstein? ¡Pues claro que molesta! ¿O es que no te has leído los informes de la OMS? —sería lo que les clavaría en su mente si tuviera valor.

—Pero, pero, pero…  si estamos en un exterior —alegan algunos pobrecillos.

—¿Y qué importa eso? Es como si me pusiera yo a tu lado a quemar la Enciclopedia Británica. ¿Me dirías que no te importa tragarte el humo porque estamos en un exterior? A ver si pensamos un poquitín, que el tabaco afecta directamente a los pulmones, no al cerebro (no directamente).

Es como si alguien inventara una máquina con ruedas que echara humo y se paseara por la calle intoxicando a los ciudadanos. Sería intolerable, ¿no? Bueno, salvo que esas máquinas las fabriquen poderosas empresas… automovilísticas.

La cosa es muy simple. Hasta un fumador de inteligencia baja lo va a entender. Recordad: «Si el humo llega a alguien, estás molestando». Que sí, que también se aplica si ese alguien es fumador, o si vas andando por la calle, o estás bailando por el monte. ¿Lo entiendes o te hago un gráfico a color?

Y lo más difícil es que estos seres humeantes no tiren sus colillas al suelo, ni al váter. Personas que desprecian su salud y su vida… ¿podrán apreciar la naturaleza?

Los que queman el dinero para nada

No solo los fumadores queman su dinero, su salud y la de los que están cerca. Hay otros muchos insensatos que usan otras técnicas. Por ejemplo, están esos motoristas que parados en el semáforo aceleran la moto repetidamente avanzando y retrocediendo apenas un centímetro. ¿Habrá mayor insensatez ruidosa? Pues sí, la hay. Por ejemplo, la de esos individuos que aceleran cuando a cien metros está el semáforo rojo. ¿Es que no lo has visto rojo? ¿Dónde estabas mirando? ¿Eres de los que tampoco pone los intermitentes?

Para rojo, los trapos de cocina blancos. ¿A quién se le ocurre hacer trapos blancos? En cuestión de nanosegundos se manchan con colores que no salen, o que solo se quitan usando contaminantes (como la lejía… ¿Qué insensato sigue usando lejía?). También se pueden usar trucos de la abuela, jabón casero. Lo mejor de esos trucos es no tener que usarlos porque tus trapos sean de colores. Pocos conocen la vida tan despiadada de un trapo, dicho sea de paso para los que tengan la paciencia y la curiosidad suficientes.

Impacientes, pesimistas, globos y fiscales

Los que solo piensan en el destino se desesperan infectando su entorno. Prefiero disfrutar del camino; retrasar la llegada, porque el trayecto suele ser menos transitado que el destino, porque el destino es más predecible, porque el disfrute está por igual allí, aquí o en medio. Cuando alguien pregunta si falta mucho para llegar, yo pregunto si falta poco. Pero no entienden la ironía, y es mejor no explicarla.

Cuando tenemos prisa es porque creemos que hay algo importante esperándonos. La sabiduría nos enseña que no hay nada demasiado importante (darse cuenta de eso es la definición de felicidad de Antonio Gala). Yo creo que la felicidad es ser optimista. Así, incluso en los peores momentos puedes esquivar el agobio. Me desesperan los pesimistas que parecen ser felices agobiando a los demás con sus opiniones o sus infortunios. Si eres pesimista, y nadie te ha pedido tu opinión, ¡cállate, por favor!

Por ejemplo, en los casos de desastre inminente —como cuando se va a caer un avión— siempre hay alguien que grita:

—¡Vamos a morir!

Yo me armo de control y paciencia y le digo:

—A ver, cariño. ¿Eres adivino? ¿A que no? ¿Alguien te ha pedido tu opinión? Tampoco. Pues eso… ¡a callar!

Otros no se callan ni cuando ven algo bonito que no debería serlo. Para algunos la felicidad es ver un globo de helio subir. No piensan que por mucho que suba, seguro que bajará. Y cuando baje no traerá felicidad. A veces trae la muerte, como cuando el globo cae en el mar (o en el bosque…) y se lo come un animal salvaje.

Los globos de helio deberían estar prohibidos. Unos los sueltan a propósito y a otros se les escapan sin ser multados. Salvar un puñado de animales es razón suficiente en la era de la decadencia en biodiversidad. Liberar globos de helio premeditada y alevosamente debe ser considerado un delito ambiental contra la fauna y el paisaje. Pero pocas especies contratan abogados, y los fiscales no se preocupan del medioambiente, porque en las facultades de Derecho se enseña menos sobre la fauna y la flora que en primaria. Ni siquiera los medios de comunicación ejercen suficientemente la tarea de educación ambiental.

La radio insulsa

Hablando de medios de comunicación, las emisoras con más éxito son las que menos comunican. El éxito se lo reparten música y fútbol. En las ondas, los demás deportes son tan raros de encontrar como programas profundos sobre cualquier tema.

No tengo nada contra la música, buena o mala. Sí tengo contra el fútbol, por argumentos obvios. A ver… Si a las mujeres les gusta poco el fútbol, es porque hay poco interesante en él. Para mí es un argumento de peso. Me gusta fijarme en lo que hace la gente inteligente. Poca de esa ve fútbol cada vez que puede.

Me parece bien que haya emisoras sobre música y sobre deportes. Lo que no entiendo es que apenas haya emisoras sobre lo demás. En España, por ejemplo, existe Radio 5, con el titulillo de «Todo noticias», pero es mentira, o una verdad a medias. En cuanto te descuidas te ponen música o fútbol. Puede que sean noticias sobre música o sobre fútbol, pero a los que les gusta eso, se van a otras emisoras, por lo que, por favor, dejad de poner música o fútbol a los que ponemos Radio 5 (o poníamos).

Otra estupidez es dar información del tráfico por la radio. Te dicen dos o tres carreteras que están colapsadas. Vale. ¿Y qué? ¿A quién le importa eso? Si estás en el atasco ya no te interesa, y suena a recochineo insoportable. Solo te interesa si estás fuera del atasco, si tenías pensado pasar por esa ruta y si tienes al menos una alternativa razonable. De las personas que cumplan esos tres requisitos, ¿cuántas están escuchando y atendiendo la radio en ese preciso momento? Os lo puedo decir yo: NADIE.

Si estás en la radio, cuenta cosas interesantes. Y si no sabes, métete a bloguero, y podrás decir lo que quieras. Algunos me ven como quintacolumnista. No me gusta. Lo entiendo y lo acepto. Tal vez, sin querer, lo alimento.

♣ Sigue inspirándote:

  • Marco Aurelio: Pensamientos estoicos para el mundo de hoy (resumen de su obra universal).
  • Casi todas las cosas que me cabrean. Si necesitas un índice temático de quejas, te lo regalo:
    • Parte 1: ruidos de motos y de sopladoras de hojas, gente que no comparte en RRSS lo que le gusta, y los que esperan respuesta rápida de un wasap, ordenadores envejecidos (lentos, actualizaciones de Windows, obsolescencia programada, actualizaciones absurdas, barras de progreso inexactas e irregulares…), las botellas tiradas, y la gente que habla de sus problemas.
    • Parte 2: los que dicen «te guste o no te guste…», cazadores que van de salvadores, los que tiran las migas de pan, atareados de la vida, competidores con todos y los que llegan tarde, publicidad en el buzón, despilfarro de papel higiénico, de toallitas húmedas, y de agua en la cisterna.
    • Parte 3: me quejo de los quejicas, de los fumadores, de los coches, de los motoristas, de los que conducen mal, de los trapos blancos, de la lejía, de los impacientes, de los pesimistas, de los que sueltan globos de helio, de los fiscales, de la programación de la radio, del fútbol, y de la información del tráfico en la radio.
  • Consigue estrellas verdes para ser mejor ecologista.
  • Descubre la bicicleta en la ciudad.
  • Me gusta el trabajo limpio y no soporto los insultos.
  • Otros relatos inspirados en hechos reales de Historias Incontables.

Un comentario sobre “Cosas que no deberían cabrearme (parte 3): globos de helio, quejicas, pesimistas, fumadores y otra fauna

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