4 microrrelatos de ilusión en la pandemia de COVID-19

PCR negativa

Acababan de darme los resultados de mi primera PCR. Había sido negativa y podría operarme del hombro. Mi supraespinoso no soportó una tonta caída… como si hubiera caídas listas. Un tercero sin ascensor tiene sus riesgos, especialmente cuando te retas a subir de tres en tres con los ojos cerrados.

En el portal estaba mi querida vecina nonagenaria del quinto con sus bolsos de rafia de la compra. Le sonreí con los ojos por encima de la mascarilla. Ella me reflejó la mirada. Le entregué el certificado de PCR y le dije en positivo: «Hoy sí te ayudo a subir la compra».

Hermanos

Las videoconferencias con mi hermano no pintaban de vida su lejanía. El COVID nos había separado. Ni excursiones, ni comilonas en meses de pandémica distancia.

El coronavirus me pilló y cuando me encamaron pensé que no volvería a verlo nunca más. Me llevaban por los pasillos del hospital bajo luces fugaces y asfixia vírica. Aparcaron mi cama junto a otro enfermo. Lo miré. Nos miramos. Era él. Éramos nosotros. Extendimos la mano y nos dimos un apretón en silencio impuesto.

Cuando mi cama arrancó, nuestras lágrimas se despidieron y su cariño fue la mejor medicina.

Mascarilla

—¡Niño! ¡Deja ya esa mascarilla! ¿No ves que puede tener los virus del idiota que la ha tirado?

—Pero Papá… solo la toco con este palo.

—¡Déjala y punto! Vete a jugar con tu pelota.

A los diez minutos el niño había ensartado con su lanza de caballero andante una docena de mascarillas. Las condenó a la mazmorra de la papelera del parque ante la conmovida mirada de su padre, quien apenas pudo gritar:

—¡Eres mi héroe!

El valor de lo inmaterial

«No quiero que pase la pandemia», murmuró mientras apuraba su café. Aburrido de escuchar sus desvaríos, no me molesté en contradecirle. Entonces, como siempre que nadie le para, continuó hablando, más para él mismo que para compartir: «Gracias a la pandemia entendemos que nos pregunten cuánto vale un abrazo. El coronavirus nos ha hecho valorar más a nuestra familia, a nuestros amigos y nuestro trabajo. ¿Olvidaremos lo aprendido cuando pase? ¿Volveremos a viajar en avión sin importarnos lo que contamina?».

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