«La pandemia me ha hecho sentirme como una jubilada»

Como todas las enfermedades, la COVID-19 obliga a hacer cambios para adaptarse. Pero en este caso ha afectado a la sociedad, no solo al enfermo. Nos ha cambiado las reglas del juego de la vida. Hayamos aprendido algo o no, el coronavirus nos ha dado unas cuantas lecciones importantes.

Ella no quiere dar su nombre real y me pide que use el nombre de Victoria. Siempre llevó una vida muy activa a nivel laboral, hasta alcanzar un puesto de responsabilidad en una empresa. Echaba horas extras sin remunerar. No estaba de acuerdo con eso, pero era lo normal en aquella época y en aquella empresa. Aún hoy sigue siéndolo en muchas empresas. Echando la vista atrás, ella sentía que tal vez había sido demasiado responsable con su trabajo, que había puesto demasiado empeño en que el trabajo saliera siempre bien, aunque fuera a costa de llegar extenuada a casa.

Los fines de semana eran para descansar. Pero descubrió que descansaba más recorriendo montañas, bosques y senderos. Casi por casualidad, empezó a ir al campo y a practicar senderismo los domingos con un grupo de amigos y acabó siendo una de las cosas imprescindibles de cada semana. Poco a poco, ella fue apreciando más la naturaleza y todo lo que nos ofrece. Con la ayuda de unos y de otros, Victoria fue aprendiendo el nombre de plantas y árboles, centrándose especialmente en las especies autóctonas. Pasaba la semana entre informes y balances, pensando en el romero, la lavanda y el tomillo.

Como persona de mente inquieta, Victoria quiso aprender más, hacer más, y por eso empezó a colaborar con una ONG ecologista local, demostrando que siempre hay tiempo para lo que uno tiene interés. Su nivel de responsabilidad le hacía tomarse tan en serio su tarea de voluntaria como su trabajo. «Si hacemos algo, lo hacemos bien o no lo hacemos», era una de sus normas de vida.

Un clásico lema ecologista dice: “piensa globalmente, actúa localmente”. No sabemos si Victoria pensaba globalmente, pero era obvio que la segunda parte del lema la seguía en su día a día, e intentaba siempre mejorarse a sí misma y a su entorno más cercano, por ejemplo haciendo un consumo cada vez más responsable.

Cuando se jubiló, apenas notó eso de tener más tiempo libre. Se volcó en el voluntariado medioambiental y en el ecologismo local, participando y organizando reforestaciones, charlas, cursos, talleres… Muchos le dijeron: «Ahora que te jubilas, te vas a aburrir», pero ella nunca se había aburrido en su vida y jubilarse no fue suficiente.

Entonces llegó el año 2020. A principios de año se hablaba de un virus que se estaba extendiendo por China, pero nadie le dio importancia. En años relativamente recientes ya había habido otros virus cuyos contagios habían sido controlados. Sin embargo, este coronavirus no se pudo dominar ni encerrar a tiempo y, gracias a los aviones, al turismo, al comercio y a la globalización, se extendió rápidamente por todo el planeta, obligando a paralizar prácticamente todos los sectores. Se cortaron vuelos, se cerraron fronteras y colegios, y hasta se confinó a toda la población en sus casas, salvo los que trabajaran en sectores esenciales (sanitarios, alimentación, energía…).

Victoria, por supuesto, también quedó confinada en su casa. Las conferencias y actividades que tenía pendientes se tuvieron que cancelar. Lo único que podía hacerse era ecologismo en las redes. Twitter, Facebook o Instagram son también vías de activismo y comunicación, pero para Victoria no hay nada como plantar con las manos en la tierra.

Ella sabía que era una persona de riesgo. Así pues, pasado el confinamiento aceptó de buen grado las restricciones impuestas: salir de casa lo imprescindible, llevar mascarilla, reducir el contacto con amigos y familiares… Lo hacía por ella, pero también por el resto de la sociedad. Algunas de sus amigas, a pesar de ser también de riesgo, siguieron sin restringir sus actividades al mínimo y seguían organizando meriendas con amigos o visitando cafeterías, a las que Victoria no acudía por responsabilidad con su salud y la de los demás.

—La pandemia me ha hecho parar como una jubilada —me dijo—. Nunca me he sentido jubilada, hasta ahora. También me siento más condescendiente, con más paciencia. Ahora no podemos ir con prisa a los sitios. Hay que guardar cola con paciencia, respetar las distancias… La vida se ha hecho más tranquila. Veo a menos gente, pero uso más el teléfono. A veces hasta me canso de hablar y me gusta disfrutar de un buen silencio.

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