Cosas que me cabrean, pero que no deberían cabrearme (parte 1): ruidos, ordenadores y mucho más

Hay cosas que me desquician. No las soporto. No puedo con ellas. En cambio, mis conciudadanos viven tan felices. ¿Quién está perdiendo la cabeza? Pondré algunos ejemplos para que podáis opinar si estoy loco o, más bien, demasiado cuerdo.

Malditos ruidos

¿Soy el único que se enfada por el endiablado ruido de las motos? Esas motos en las que el conductor —invariablemente hombre e inculto— intenta presumir de moto. Él está pensando: “mirad lo maravilloso que soy, que tengo una moto ruidosa“. Y los demás pensamos: “Vete cuanto antes… ¡al mecánico!”. La moto pasa desapercibida al lado de la poca inteligencia y la falta de respeto hacia los demás. También nos acordamos (sin mucho respeto) de la policía, por no hacer su trabajo con diligencia, pues esos ruidos son ilegales y si yo los percibo, ¿por qué la policía no? ¿Acaso exigen sordera parcial para entrar en el cuerpo? ¿Nunca pasan esas motos junto a ningún policía?Sopladoras de hojas, máquinas diabólicas

¿Y qué me dicen del estúpido y maquiavélico invento de las máquinas sopladoras de hojas? Yo no digo que barrer sea más cómodo, pero no podemos solo atender a la comodidad de un individuo a costa de robar la calma a todos sus vecinos. Ese invento no solo hace ruido, sino que es un ruido intermitente y duradero. Al menos la moto pasa y se va. Al menos la moto es ilegal y uno puede protestar. El soplador de hojas es tan legal como desesperante. Además de consumir energía absurdamente, mata caracoles e insectos, y levanta polvo, polen, coronavirus y, por supuesto, cacas de perro y de ave. Todo eso lo respiramos, porque a alguien no le apetece barrer unas hojas que, por otra parte, nada molestan en el suelo. Proclamo bien claro: me molestan los ruidos, no las hojas en el suelo. Que se enteren también los que manden usar esos aparatos diabólicos.

Redes insociales

No solo me enfado por el ruido. También me sienta mal cuando alguien le da “Me gusta” a uno de mis tuits, pero no lo retuitea. No entiendo ese egoísmo. O sea, que a ti te gusta mi tuit, pero no quieres que nadie de tus seguidores lo vea. Eres un egoísta y un mezquino. Si algo te gusta y es gratis, ¡compártelo! ¿Tanto te cuesta?

No soporto, tampoco, la gente que espera que le contestes un wasap (un WhatsApp, un Telegram o un SMS) en cuestión de minutos. Yo contesto cuando coinciden ciertos factores que no pienso desvelar, pero por dar unas pistas diré que tiene que coincidir que tenga tiempo, ganas y algo interesante que decir. Para decir estupideces ya hay demasiada gente y, precisamente, en eso estamos de acuerdo toda la humanidad. Así que no merece la pena discutir más. Con el mail esto no pasa.

Ordenadores envejecidos, pero no viejos

Los ordenadores también me descomponen, especialmente cuando el ordenador es —o se comporta como si fuera— más lento que yo. Me refiero a esas ocasiones en las que estoy escribiendo y el texto no sale en la pantalla. Yo sigo escribiendo esperando que la pantalla se ponga al día y, cuando eso no pasa, pues me dan ganas, como a toda persona normal, de tirar el ordenador por la ventana. No lo hago porque, al parecer, está prohibido por el peligro de que caiga encima de alguien. Los ordenadores lentos caen a la misma velocidad que los normales.

En todo caso, se supone que un ordenador debe ser siempre más rápido que una persona. Yo no pido que sea súper rápido. No necesito un ordenador moderno cuando yo ya empiezo a ser antiguo pero, al menos, creo que no es mucho pedir que sea más diligente que yo.

Otra polémica de la informática es cuando se autoinstala una versión “mejor” del Windows y no consigues descubrir en qué es mejor, pero sí sabes que todo va más lento, y no solo al escribir. Señores de Microsoft, antes de actualizar un solo bit de mi ordenador quiero que me pidan permiso y me informen de si va a ir solo un poco más lento o de si mi ordenador se va a atascar constantemente. Si yo uso mi ordenador para lo mismo que hace diez años, debería funcionar igual de rápido que hace diez años o, como mucho, un poco más lento por los nuevos virus que hay que controlar, pero no me hagas el ordenador más lento que un 8086. No hace falta ser doctor en Informática para entender eso. Otra cosa es que tengan interés en sacarnos el dinero con nuevos ordenadores con sus nuevos sistemas operativos. Eso se llama obsolescencia programada y está prohibida, pero se controla lo mismo que las motos ruidosas. Pues no; no pienso comprarme un nuevo ordenador mientras no pueda arrojar el mío por el balcón. Me niego a pagar por uno nuevo si no me dejan disfrutar con el viejo.

Algunas actualizaciones son muy útiles (léase con sarcasmo): te ponen programas que no usas, se inventan animaciones chulas, vistosos efectos, que ralentizan el equipo y que tú ni quieres ni has pedido; por no hablar de los anuncios o noticias que te estorban y no te interesan. ¿Cuántos años de cárcel merecen los que idean estas actualizaciones?

Siguiendo con los ordenadores, no me digáis que no mosquea cuando el ordenador muestra una barra de progreso con el porcentaje del trabajo hecho. Todo va a ritmo normal hasta que, en el 1% final, el proceso siempre se atasca y tarda más que en el 99% restante. ¿Quién hace esos cálculos? ¿un político?

Sé lo que estáis pensando. Sois muy predecibles. Estáis pensando que la culpa es mía por tener un ordenador viejo, pero es que también me sienta mal esa gente que se compra un ordenador nuevo en cuanto empieza a ir un poco lento. Y desde luego yo no voy a ser como ellos. No voy a caer en la trampa. Mis aparatos electrónicos tienen que durar todo lo posible, lo cual implica que cuando yo no los quiera, nadie los quiera.

Recursos en la basura y en el suelo

El otro día, caminando por la calle con una amiga, vimos una botella de plástico en el suelo y yo estallé. No salté por ver una botella en el suelo. A eso ya me he acostumbrado. Exploté porque mi amiga va y me dice: “No entiendo los que tiran basura al suelo”.

—¿Basura? —le grité—. ¡No es basura! ¡Es una botella de plástico! ¡El plástico es un recurso, no basura! Son RE-CUR-SOS.

Cuando la miré a los ojos, vi pánico. Baje las manos… y el tono de voz:

—Perdona, no quería asustarte —me disculpé justo mientras ella aceleraba el paso sin mirar atrás.

No he vuelto a verla. No entiendo que fuera amiga mía una persona que llama basura a una pobre e inocente botella de plástico.

Ni que decir tiene que yo también soy de los que se enfadan cuando los contenedores de basura o las papeleras están llenos de botellas de plástico y los contenedores amarillos están vacíos justo al lado. No es que la gente sea inculta (que lo es), sino que no tienen ni idea del problema que estamos generando los humanos y los políticos a los que votan callados. Todos ellos hacen lo que hacen por comodidad (como el de la máquina sopladora de hojas) y porque los demás nos callamos (como el tío de la moto ruidosa).

Ya está bien por hoy

Por hoy ya me he desahogado bastante. Ahora me tomaré mis ansiolíticos para elefante. Pero prometo seguir, porque hay muchas más cosas que me enfadan. Si os ha gustado, dejarme un comentario en el blog, porque también me enfada esa gente que se calla cuando le gusta o cuando no le gusta algo. Si no os ha gustado, pues decidme lo que no os ha gustado. Y si os ha gustado, pues compartid. No seáis como los tuiteros egoístas que no retuitean lo que les gusta.

Mientras me hacen efecto las pastillas, soy consciente de que a cada persona nos cabrean cosas distintas. Por ejemplo, conozco personas que se irritan con la gente que habla mucho contando sus problemas y no te preguntan ni cómo estás. A mí eso no me enfada, porque a esas personas lo que menos quiero es contarles algo de mí. Yo les dejo que cuenten su rollo mientras uso con ellos la función fática del lenguaje y disfruto de mis pensamientos.

A pesar de todo, sé que hay que ser muy idiota para enfadarse por algo, sea lo que sea. Como dijo Marco Aurelio, solo un imbécil se enfada por lo que es inevitable.

♣ Sigue inspirándote:

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