Me gusta el trabajo limpio y no soporto los insultos

⊗ Nota divertida: Mientras lees este relato, intenta descubrir quién lo escribe.

Lo mejor para limpiar: Un trapo y vinagre rebajado con agua.Me he despedido de mi trabajo. Creo que siempre he sido un trabajador fiel y entregado. Mi jefe nunca se ha quejado de mí o de mi trabajo, al menos, que yo sepa. Siempre hemos tenido una relación limpia, pero no soporto que me insulten. Así que, me he despedido y no pienso volver, incluso aunque me pida perdón.

Mi jefe es… bueno, mi ex jefe es un hombre muy atareado. Siempre está de arriba abajo, corriendo y haciendo mil cosas a la vez. A mí me contrató para trabajar en la cocina, principalmente en tareas de limpieza. Dicen que soy cuadriculado y absorvente, pero es porque siempre me ha gustado hacer bien mi trabajo y no pido gran cosa a cambio. Yo soy modesto, humilde y sencillo.

Recuerdo que en la cocina yo era alguien esencial. Si me ausentaba por cualquier motivo, todos preguntaban por mí, pero especialmente mi jefe siempre quería tenerme cerca para que le resolviera todos sus estropicios y sus sucios trabajos.

Tras varios años en ese departamento, mi jefe decidió trasladarme a la limpieza de otras estancias. El cambio me sentó mal, me tocó la fibra sensible, lo confieso. Yo no sabía limpiar el polvo o los cristales. Yo no estaba hecho para eso, pero bueno, lo acepté y poco a poco me habitué. Hasta me acabé alegrando porque en la cocina el trabajo era diario y bastante duro. Todos los días acababa muy cansado y lleno de manchas. Sin embargo, en mi segundo trabajo tenía mucho tiempo libre. Algunos días, no había nada que hacer. Otros, apenas había trabajo y, bueno, algunas jornadas eran largas y estresantes, pero eran excepciones.

Mi siguiente puesto fue el peor. Por alguna razón, mi jefe parecía que confiaba menos en mí día a día. Tal vez fuera por mi edad. Todos envejecemos, pero mi capacidad de trabajo no había mermado. Mi aspecto externo sí. Aunque yo no buscaba trabajar menos, ya no era el joven resplandeciente de tiempo atrás. En el fondo, echaba de menos mi trabajo en la cocina. Allí se me permitía probar todos los platos y eso ya lo había perdido para siempre.

Como he dicho, mi siguiente puesto fue el peor. Me encomendaron el gimnasio. Yo no estaba hecho para limpiar sudor. Hubiera preferido limpiar los servicios. Me pareció denigrante y degradante. Un asco. No obstante, intenté hacerlo bien. Lo hacía bien. Todos los días acababa cansado y sudoroso. Pero un buen día, mi jefe me miró y con cara de desprecio me insultó:

—Este trapo viejo ya no sirve para nada. Irá directamente al reciclaje, para aprovechar sus fibras.

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