Idiotilandia, la democracia y el “problemilla” ambiental

Haz click en la imagen para leer otros cuentos breves sobre ecología, animalismo, suspense, amor, humor... y muchos otros temas.En un remoto lugar (a una hora o dos en avión), había un país llamado Idiotilandia. Sus ciudadanos despreciaban toda educación que no estuviera orientada a aspectos prácticos para trabajar en las empresas locales. Las artes, las ciencias y, por supuesto, la educación ambiental apenas se enseñaban en los colegios. Según ellos, ni las ciencias ni las humanidades eran importantes, pues lo importante para ellos era trabajar duro para conseguir ganar mucho dinero.

En Idiotilandia todos adoraban la democracia. Así, celebraban elecciones para elegir a sus gobernantes y todos aceptaban de buen grado el resultado electoral. “Así es la democracia”, decían. Los distintos gobiernos tenían objetivos sutilmente diferentes, pero en lo esencial coincidían: la creación de empleo y el crecimiento económico eran el objetivo principal de todos los gobiernos.

Un año subieron las cifras de desempleo. Entonces, el gobierno local decidió dar dinero público para crear empresas madereras. Los bosques de Idiotilandia se convertirían en madera para crear empleo y crecer económicamente. Efectivamente, la medida fue un éxito absoluto. Se creó empleo, subió el PIB y todos estaban muy contentos, especialmente los directivos de las empresas madereras, que se subían el sueldo año tras año, dado que el negocio iba estupendamente.

Un día, una niña llamada Greta se atrevió a insinuar:

—Si seguimos talando árboles, no solo nos quedaremos sin árboles, sino que afectará al ciclo de lluvias. Lloverá menos y tendremos escasez de agua, o bien, lloverá más y tendremos inundaciones.

Como era una niña, nadie le hizo caso, ni siquiera cuando un día llovió bastante y se inundó parte de Idiotilandia. Algunos se reían de Greta y se burlaban de sus predicciones catastróficas diciendo:

—Greta aseguró que vendría una sequía pero en realidad tenemos una inundación. Por tanto, las predicciones de Greta son falsas. Necesitamos que llueva menos y necesitamos trabajo. Hay que mantener las empresas madereras.

No todos estaban conformes con esas afirmaciones, pero todos siguieron con sus vidas, como si nada grave estuviera pasando. Las montañas de Idiotilandia se estaban deforestando a un ritmo importante y varios científicos a nivel internacional alertaron también del problema, pero como en Idiotilandia no entendían de ciencia, no prestaron atención. En Idiotilandia los políticos decían “¿cómo van los científicos a saber más que los gobernantes elegidos democráticamente?“.

El gobierno de Idiotilandia presumía de haber asistido, y hasta organizado, cumbres ambientales para tratar el posible problema climático y ambiental. Querían dar la impresión de que todo estaba bajo control. La gente suponía que las cumbres servían para resolver el problema, aunque sus resoluciones no fueran realmente implementadas. Para ellos, lo importante era organizar cumbres y reuniones, viajar y asistir a las cenas de gala, firmar muchos acuerdos y aparecer en muchas fotos.

Los ciudadanos de Idiotilandia valoraban que se firmaran miles de acuerdos y que se publicaran fotos y fotos de las cumbres mundiales por el clima. Por eso, ellos votaban masivamente a los gobernantes que salían en las fotos.

Las siguientes elecciones generales estaban ya cerca. Un día, durante la campaña electoral, llovió más que nunca en cuarenta años. Las montañas de Idiotilandia estaban sin árboles, por lo que la lluvia arrastró tierra, barro, lodo y piedras. La avalancha sepultó pueblos y ciudades. También arrasó la sede del gobierno de Idiotilandia. El presidente, hundido hasta las rodillas en el lodo, se dirigió a su pueblo:

—Querido pueblo. Hemos tenido muy mala suerte. No podemos luchar contra los elementos atmosféricos.

El lodo seguía subiendo y aunque ya llegaba hasta la cintura del presidente, este siguió con su discurso:

—Para resolver esta situación, tenemos que organizar más cumbres climáticas y firmar más acuerdos ambientales.

El barro seguía subiendo. Como si nada estuviera ocurriendo, el presidente seguía agarrado a su micrófono, intentando captar los últimos votos:

—¡Votadme! Votadme y os prometo resolver el problema creando una industria que elimine el lodo o limo, que son como pequeños hilillos de plastilina. Y en Navidad encenderemos más luces para que todos estemos más contentos. Os prometo encender más luces que en Nueva York, incluso más que en Vigo, Madrid, Barcelona o Málaga.

El fango atascó los altavoces. Lentamente, el cieno iba subiendo su nivel. El presidente se había subido a una mesa, pero a pesar de ello, el lodo le llegaba al nivel del cuello. Más bien de la barbilla. Sin embargo, el presidente continuó su perorata con entusiasmo:

—¡Votadme y plantaré árboles que tanta falta hacen! Plantaré un millón de árboles. No, no… dos millones de árboles. Necesitamos árboles y solo yo propongo plantarlos. ¡Votadme!

Esas fueron sus últimas palabras, porque el fango, monstruoso, había devorado todo Idiotilandia convirtiéndolo en una ciénaga. Los pocos supervivientes no sabemos si aprendieron algo de todo esto.

♥ Moraleja: La democracia es buena si entendemos qué es lo que estamos votando. ¿Te imaginas que en un avión todos decidieran cómo hay que pilotar? ¿No es mejor confiar en el piloto? Igualmente, en cuestiones ambientales es mejor confiar en la ciencia.

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